Leer a Cervantes en la calle con solo levantar la vista

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De los balcones de una calle escondida en el centro de Madrid, en el barrio de Justicia, brotan frases del Quijote de Cervantes. Los vecinos de la calle Justiniano se han unido para conmemorar el IV centenario de la muerte del escritor madrileño, colgando en sus fachadas una selección de citas cervantinas.

La idea se le ocurrió a Manuel Cuevas, fundador de la Galería Estampa, que desde que colocó el primer diseño en casa de un vecino, el resto se ha ido sumando a la iniciativa. Ahora hay 35 letreros de colores que adornan la calle de abajo arriba. «Los vecinos vienen emocionados a pedirnos carteles, todos quieren participar», cuenta Lucía Cuevas, también galerista de Estampa.

Las fachadas de la calle recogen algunas de las más célebres enseñanzas quijotescas: «No desees y serás el hombre más rico del mundo», «El amor y la afición con facilidad ciegan los ojos del entendimiento», «La pluma es la lengua de la mente» o «El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho», entre otras.

José Carlos Nicolau, presidente de la Asociación de Vecinos de Justicia y residente de toda la vida, destaca una de las citas que para él es la que mejor describe el proyecto vecinal. «Dad crédito a las obras y no a las palabras», reza el cartel rosa con letras azules. «Lo que hemos hecho es un homenaje al escritor a través de una obra creada con palabras», aclara.

El boca a boca ha hecho que la gente se acerque hasta Justiniano a echar un vistazo y a hacer fotos. La calle, aunque está en el centro de Madrid, es muy pequeña y desconocida. En ella hay siete portales en los que viven alrededor de 150 personas, desde los históricos del barrio a la gente nueva que ha ido llegando. Hay gente joven, familias, solteros y quienes comparten piso. «Somos un grupo muy heterogéneo pero compartimos el espíritu del barrio de toda la vida», dice Nicolau. Por eso, sus iniciativas surgen de una conversación de ascensor y acaban convirtiéndose en un proyecto común.

Se ponen en marcha tanto para homenajear a Cervantes como para organizar un comando de limpieza y sanear la zona o celebrar una fiesta. «La calle no es de paso y si la gente nos conoce es por estas acciones», dice Nicolau. «El objetivo es mantener la calle y la cultura viva», añade. Describe su calle como una aldea en la que todos se conocen y comparten la misma visión. «Estamos tentados a pedir la independencia, crear nuestra propia lengua y fabricar nuestra moneda», bromea.

Aunque el castizo barrio ha ido reinventándose a lo largo de los años, allí el reloj corre más despacio y la vida es más tranquila. Los vecinos y comerciantes están en la misma sintonía y su barrio se autogestiona gracias a sus propias iniciativas.

Fuente: El Mundo

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